Todo comenzó con dos golpecitos en mi puerta, seguido de una mirada de complicidad. Seguí sus pasos que me llevaron a atravesar una puerta donde separaba la frialdad, de la más intima confianza.
Nos sumergimos en un humo inmenso lleno de risas, de confeciones.
Sentíamos como todos nuestros sentidos, se intensificaban. Y ahí comenzó.
Una larga e interminable charla, llena de consejos, de experiencias me llevaron a entender que ese era mi nuevo lugar, conclusiones.
Mirar el pasado y sonreír, mirar el presente y disfrutar, mirar el futuro y proyectar.
"Te felicito, estoy orgulloso de vos, ya sabes todo lo que pienso. Seguí así. Te quiero mucho" y eso me bastó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario